SaigonDesdeUnaBolsadeAgua
Mi amiga taiwanesa Hnsi-Mei Ko, que gusta de las películas mudas y estudia conmigo, me mostró esta foto que tomó Hans Kemp en Saigón (Vietnam). Salió publicada en un reciente catálogo de las maletas para el transporte de elementos fotográficos "Cumpler" pero hace parte de un libro que se llama Burden Motorcycles. Me gusta por varias razones.
Primero, y ante todo, está la proeza de quien quiera que sea el señor motociclista. Sin esos dotes de equilibrista esta imagen nunca hubiera pasado. Kemp dice que eso pasa todo el tiempo en esa ciudad caótica y ruidosa donde la gente, por no tener neveras ni congeladores, tiene que transportar sus alimentos en el estado más fresco posible. Sus imágenes hablan de personas que llevan marranos enteros, todavía chorreando sangre, en la parrilla de su moto, gallinas en su típica pose de crucifijo invertido, cacareando de ver que el mundo no sólo pasa patas arriba sino a toda mierda...
Seguro que este man comete esta proeza seguido; seguro arma toda esta complejisima estructura de peceras y se mueve por la ciudad y su ingenio y habilidad pasan desapercibidos. Como lo hace? Ni puta idea. Al fotógrafo le bastó con contemplar a esta especie de moto-caracol con concha de burbujas para decir: "Manda cáscara" y yo no puedo sino estar de acuerdo.
Cada pecera es un mundo. En las tiendas de mascotas venden castillos submarinos, barcos hundidos o escafandras que se pasean por las piedras. Todos estos elementos están hechos para hacer del acuario un objeto narrativo, para alimentar nuestras ficciones y seguir haciéndonos creer que podemos crear un mundo autosuficiente. Estoy seguro de que la sensación de que la pecera es un universo contenido no es solo mía. Quizás porque creemos que, como la pantera de Rilke, el mundo del pez se termina en el vidrio (la bolsa) que lo encierra: el pez y su mundo, el mundo del pez. Me produce maravilla este man cargando peces porque pienso que carga, al menos 15 munditos autosuficientes a su espalda. Todos haciendo parte de ecosistemas independientes, todos formando un complejo gavitacional donde cada uno se mueve a su modo pero se mueve con todos al mismo tiempo. Vértigo, mareo, simultaneidad.
Por último está ese charco y esas latas reforzando las paredes y los techos y esa calle a duras penas pavimentada. Un hermoso aroma tercermundista podría hermanar a Saigon, a Bamako y a Bosconia. El rebusque que nace de la necesidad, el devolver la vida a los productos (seguro ese platón azul fue usado después para lavarle las nalgas a un infante y luego para lavarle la camisa al motociclista), el no dejarse tumbar por la vida, aunque le lleve una notable ventaja ... Todas esas son expresiones que veo, admiro, quiero y respeto cuando ya no las tengo cerca.